Reseña del documental: Nadie Sabrá Nunca

Título: Nadie Sabrá Nunca
Dirección: 
Jesús Torres Torres
Guion: 
Jesús Torres Torres
Fotografía: 
Alejandro Cantú
Música: 
Arturo Villela
Elenco: 
Adriana Paz, Jorge A. Jimenez, David Medel, Ofelia Medina, Arcelia Ramírez, Silvia Pasquel, Manuel Ojeda
Género: Documental
Distribuidora: 
Corazón Films
País: 
México
Duración:
102 min.
Fecha de estreno: 
3 de Mayo de 2019

Hablar del pasado, sobre todo de México, suele tener sus bemoles. Por un lado, se puede caer en la trampa de la nostalgia, bajo la cual todo tiempo pasado fue mejor. O se puede caer en su opuesto, y considerar que lo mejor que pudo pasar fue dejar el pasado atrás.

Caer en un punto medio, y con dignidad, es una tarea difícil, mas no imposible, como queda patente en Nadie sabrá nunca (2018), el nuevo trabajo del realizador mexicano Jesús Torres Torres. En este, el director y guionista regresa a un periodo de transición en el México de finales de la década de los 70 y principios de la de los 80, cuando el México rural aún soñaba vehementemente con un nuevo mundo lleno de oportunidades, encarnado en el todavía entonces Distrito Federal.

Está ensoñación queda reflejada en la vida y actividades de Lucía (Adriana Paz), una joven madre de familia que habita en algún lugar que poco a poco se revela ser el Zoquizoquiapan de la infancia del realizador, el cual se halla atrapado en el limbo creado entre el apego a unas tradiciones familiares y relacionales, acartonadas y caducas, y las posibilidades que la entonces única urbe moderna de México abre tanto para ella como para sus hijos, sobre todo del pequeño Bruno, lo que la orilla a enfrentar las reglas sociales y familiares que la obligan a sobrevivir mediante la resignación y el aguante.

Con esa premisa básica, Torres Torres construya una trama irregular en su ritmo, aunque más que competente en planteamiento de una época y unos personajes que, aunque a veces difíciles de creer, terminan por ser honestos en sus intenciones, sus conflictos y las formas viciosas que impedían que tanto hombres como mujeres se apartarán del rol establecido para cada uno de ellos.

El problema con el ritmo se debe a las muchas cosas que quiere masticar el director en la primera parte. Sobre ello, el director mismo ha comentado que la historia le es difícil por su cercanía con ella, lo cual ha trabajado por al menos una década, entre borradores varios y múltiples versiones finales tallereadas y comentadas en diversos espacios de creación. Esto se nota en la primera mitad de la cinta, en la cual se plantean personajes y tramas que se sienten demás, sobre todo una vez que el cineasta se decide por sólo tomar como referencia a Lucía, sus expectativas y como estas cimentan la relación de complicidad que sostiene con su hijo Bruno.

Una vez que se toma esa decisión, la cinta cobra mayor poder, pues permite que los conflictos de Lucía, tanto con su entorno como consigo misma, cobren mayor relevancia, a la vez que permite destacar como en la relación con Bruno y el resto de sus familiares establece una crítica sutil a las formas arcaicas de un campo que luce majestuoso sin caer en la idealización.

Dichos conflictos se enmarcan con una fotografía soberbia, que permite un contraste entre las conductas con un telón de fondo de gran belleza, lo cual refuerza la crudeza de los momentos previos al desenlace, así como la fuga que Lucía y Bruno establecen mediante la escucha y observación de seriales de vaqueros y rancheros, en los cuales la justicia y el amor se dan mediante personajes con buenas intenciones, y el uso “adecuado” de la violencia se reserva para escarmentar los villanos. Nada que ver con el entendimiento anquilosado que los paisanos de Lucía tienen de la justicia, la equidad y el destino.

Así, sin caer en mensajes grandilocuentes, Torres Torres presenta una crítica social que permite establecer paralelos entre un México que fue, pero sigue siendo a pesar de los pesares, tanto en la formas como en el fondo, que aprieta, pero no ahorca, a personajes que no necesitan un gran conocimiento de los nuevos rumbos sociales propios de la modernidad para entender, a pesar de las dudas y recelos propios de la incertidumbre de los resultados que el cambio pueda traer, que hay más situaciones que ver, creer y conciliar.

“Nadie Sabrá Nunca” llegará a las salas de cine de México el viernes 3 de Mayo de 2019.

Alberto Marín