Reseña de la película: Rifkin’s Festival

Título original: Rifkin’s Festival

Año: 2020

Duración: 92 min.

País: España

Dirección: Woody Allen

Guion: Woody Allen

Música: Stephane Wrembel

Fotografía: Vittorio Storaro

Reparto: Wallace Shawn, Gina Gershon, Elena Anaya, Louis Garrel, Christoph Waltz, Sergi López, Richard Kind, Nathalie Poza, Douglas McGrath, Steve Guttenberg, Enrique Arce, Tammy Blanchard, Damian Chapa, ver 20 más

Productora: Coproducción España-Estados Unidos-Italia; Gravier Productions, Mediapro,

 

Rifkin’s Festival es la nueva cinta del director Woody Allen y podremos disfrutarla en las salas de cine a partir del 20 de enero. La historia presenta un matrimonio estadounidense que acude al Festival de cine de San Sebastián, allí la mujer comienza a pasar más tiempo con uno de sus clientes, un director francés, descuidando a su marido, quien parece no ver lo que en realidad sucede; sin embargo, las cosas darán un giro cuando conozca a la Doctora Rojas.

El cine de Woody Allen se caracteriza por parejas con una notoria diferencia de edad, así como por romances que no pueden consumarse, alrededor de los cuales se entreteje una trama no sólo probable sino posible. Lamentablemente, el director ha jugado tanto con esta fórmula, que ha perdido toda novedad y parece estar estancado en su “lugar seguro”, incapaz de entregar un producto que cause curiosidad en alguien más que no sea su fiel seguidor.

En el caso de Rifkin’s Festival lo “novedoso” no se da a través de la historia en sí, sino de lo visual y la reflexión a la que invita. Mort es un hombre que peca de ingenuo y logra desesperar al espectador por su parsimonia al ver lo que es más que obvio: su esposa tiene un romance con su cliente, un joven director francés que es la novedad en el festival y que, a él, habiendo sido profesor de cine clásico, le parece pretensioso y hasta ridículo.

Los primeros atisbos de comedia podemos verlos a través de las cavilaciones del hombre, quien utiliza escenas de los grandes clásicos para tener soliloquios donde personajes de su pasado se presentan de forma atemporal y que, si bien inician como un recurso más para hacer reír, poco a poco van poniéndose más serios, develando sus propios deseos y sentimientos.

Los colores y la fotografía logran adentrarte en las paradisiacas vistas de San Sebastián, haciéndote parte de esta historia en la que pareces reflejarse tantas vidas y es esta sensación de “realidad” lo que ayuda a que la narrativa, misma que se sume en letargos por momentos, funcione no como una historia de personas mayores enamoradas de personas jóvenes, sino como crítica al conformismo en una relación, el miedo que da empezar de nuevo y lo mucho que esperas que algo pase –para bien o para mal− en lugar de dar el primer paso.

“…Francamente pienso que es masoquista”, es apenas el inicio de esta mordaz crítica a cómo vemos los de afuera este tipo de relaciones, dando inicio así al torpe cortejo/acoso de Mort hacia la doctora que lo atiende por un sospechoso dolor de corazón y quien vive su propia tormentosa relación.

Estas dos historias, si bien con diferencias, exponen dos vidas que, aunque diferentes, siguen un patrón en el que ambos han aceptado la vida en pareja que llevan, aunque no se les trate con el respeto que merecen. Ella no solo acepta sino hasta justifica las infidelidades de su marido, él espera que su mujer dé el primer paso y no hace nada, aun teniendo las pruebas de la infidelidad frente a sus ojos.

“…Se nota que eres escritor ¿de cuándo acá las relaciones son racionales?” es el cierre para este juego de estira y afloja que mueve el morbo del espectador hacia quién será el primero en decir basta, si es que logran decirlo. Rifkin’s Festival no es una oda al amor romántico, pero tampoco es la misma fórmula replicada hasta el hartazgo, sino que, quizás sin proponérselo, abre una puerta a la reflexión sobre ¿por qué nos quedamos donde ya no somos felices?

 

Ivonne Koike

Licenciada en Comunicaión y periodismo, otaku y amante de la lectura. Creadora de contenido y un poquito rara y loca.