Reseña de la película: Mirai: Mi Pequeña Hermana

Título en español: Mirai: Mi Pequeña Hermana
Título original: 
Mirai no Mirai
Dirección: 
Mamoru Hosoda
Guion: 
Mamoru Hosoda
Productora: 
Studio Chizu
Música: 
Takagi Masakatsu
Elenco de Doblaje: 
Kun – Laura Torres, Mirai – Susana Romero, Papá – Eduardo Garza, Mamá – Cristina Hernández, Yuko – Óscar Flores, Abuelo – Roberto Mendiona, Abuela – Isabel Romo, Bisabuelo – José Gilberto Vilchis.
Género: Drama / Fantasía
Distribuidora:
Konnichiwa Festival / Kem Media
País: 
Japón
Duración: 
100 min.
Fecha de estreno: 
19 de Abril de 2019.

Se suele pensar, todavía hoy en día y al menos a nivel local, que la animación es un género diseñado para entretenimientos menores e infantiles, con lo cual se menosprecian tanto a la animación como a los infantes.

No obstante, basta mirar hacia otras latitudes para constatar que la animación funciona, como género y como herramienta, para dar vida a historias de diversas índoles, tanto infantiles como maduras. Un ejemplo de ello, y acaso el más recocido y popular en el país, es el caso de lo logrado por Japón en su larga tradición animada.

Dentro de esa larga tradición se inscribe el trabajo de Mamoru Hosoda, animador y director de animación con una larga carrera comercial, que va desde su trabajo en Digimon hasta sus proyectos personales, y cuya más reciente obra, Mirai: Mi pequeña hermana (Mirai, 2018), llega a pantallas mexicanas en medio de la batalla de los superhéroes por las salas y la audiencia.

La cinta muestra a Kun (voz de Laura Torres), un pequeñín de 4 años que ve como cambia su vida ante el nacimiento de su hermana, Mirai (Susana Moreno en la versión adolescente), y el consiguiente ajuste en las relaciones familiares, tanto de sus padres hacia él como entre ellos. Estos arreglos hacen que Kun busque refugio en espacios fantásticos, los cuales muestran que además de un escape tienen algo más que ofrecerle al pequeño.

La cinta despliega a nivel técnico esa gran calidad con la que se suelen asociar las animaciones niponas, en específico las de Hosoda. Los acabados de sus ambientes son, sin lugar a duda, sorprendentes. La textura de las cosas genera esa sensación ambigua de realidad irreal con respecto al entorno, logrando que las transiciones entre la experiencia real de Kun y sus fantasías se den sin gran problema dentro de la trama.

De igual manera, los escenarios fantásticos resultan asombrosos, tanto por la belleza y delicadeza con la que se les construye como en la forma en que se abordan los pasajes más sombríos de la imaginación infantil, los cuales no dejan de tener atención para con el preciosismo de cuento de hadas que articula la historia.

Al menos a nivel técnico, la cinta es impecable. Sin embargo, a nivel narrativo resulta por momentos un tanto confuso entender si lo que experimenta Kun al entrar en sus refugios ficticios es eso, ficciones inventadas a partir de recursos y personajes que se han mostrado previamente ya sea en interacciones con sus familiares o mediante los libros que lee, o si de verdad entra en contacto con otras dimensiones y temporalidades simultáneas.

Aunque dicha confusión, una vez aceptada la premisa de la historia, no ofrece una gran resistencia para el disfrute de la cinta, ya que lo importante es el mensaje que esta contiene. Dicho mensaje, que va de cómo las decisiones (pasadas y futuras) definen al protagonista y sus allegados y que no es ajeno a los trabajos previos de Hosoda, tiene el potencial de conectar con públicos de todas las edades, puesto que su conflicto central no es ajeno a nadie. Aún si se tratara de espectadores sin relaciones filiales de por medio, se podría conectar a partir de la dificultad infantil (y a veces no tan infantil) para procesar los cambios en el entorno mediante la imaginación y el apoyo de familiares y amigos.

A su vez la cinta es un ejemplo de cómo las discusiones sobre los límites de la animación no están del todo en su propiedad con respecto a la edad de quien la consume, sino también en las manos y las ideas de quien la ejecuta y está atento a las posibilidades que aporta para poder dotar a historias convencionales de nuevos alcances y matices, actualizándolas en el proceso.

“Mirai: Mi Pequeña Hermana” llegará a las salas de cine de Cinépolis el viernes 19 de Abril de 2019.

Alberto Marín