Reseña de la película: El Peluquero Romántico

Título: El Peluquero Romántico
Año: 
2016
Dirección: 
Iván Ávila Dueñas
Guion: 
Iván Ávila Dueñas
Fotografía: 
Diego Dussuel
Sonido: 
Pablo Tamés, Omar Juárez
Elenco: 
Fernando Bezerra, Maria Elena Aguilar, Carlos Valencia, Mayra Rivera, Sara Juarez, Antonio Salinas, Larissa Wanke, Germán Betancourt, Abraham Jurado, Brenda Castro
Género: Drama
Compañías Productoras: 
13 Lunas S.A. De C.V., FIDECINE, On Time Ekoizpenak, Arte Mecanica Producciones S.A. De C.V.
País: 
México
Duración: 
93 min.
Fecha de estreno: 
21 de Junio de 2019

El futbol es un tópico común en las charlas, mayoritariamente de hombres, en las cuales la filias pamboleras dan para trazar origen y destino de cada participante, como si de blasones genómicos se tratara. Por ello son llamativas las charlas que Víctor, el peluquero que da título al más reciente trabajo del realizador zacatecano Iván Ávila Dueñas, sostiene con amigos y familiares sobre su apego al equipo mexicano Atlas de Guadalajara, cuyos años de gloria han quedado muy atrás y hoy por hoy se “contenta” con ser uno de los mejores semilleros de la liga nacional.

Esta falta de brillo actual hace que los atlistas sean vistos como masoquistas profesionales, o estoicos iluminados que están a un tris de olvidar como celebrar. Esta segunda descripción va más de la mano del carácter de Víctor, para quien su afición da cuenta de una personalidad entre anodina y modesta, con una vocación de aguante y no estorbo, las cuales serían las virtudes de su pasión y, por tanto, de su vida.

Y sobre ello, la modestia y la anodinia, y la casi nula capacidad para el goce, o una capacidad soterrada para los goces nimios, así como la forma de afrontar matices de lo inesperado, es sobre lo que versa El peluquero romántico (2016), un filme de una conmovedora sutileza en su mayor parte, con momentos de fragmentación no siempre bien logrados pero que permiten entrever más allá del caparazón de parsimonia en el que vive Víctor.

A partir de la muerte de su madre, Víctor se sumerge en una rutina que va de trabajar para regresar a una casa vacía en la cual pernoctar y alimentarse mientras ve cintas mexicanas viejas. Este visionado poco a poco cobra mayor relevancia, ya que fungen como filtro mediante el cual Víctor da color a una vida apenas interrumpida por la aparición de amigos y presencias femeninas, a la vez que posibilitan el ordenamiento y significación de eventos que marcan ligeros, aunque significativos, cambios en su práctica diaria.

Estos cambios (el regreso casi espectral de un viejo amor, el descubrimiento de sus orígenes paternos y un cambio de residencia debido a dicho hallazgo) permiten que Víctor muestre facetas que, sin despuntar del todo en virtud de su naturaleza apocada, dan pie a un cuestionamiento ligero sobre la capacidad de cambio y la reconciliación con el pasado para dar entrada a nuevas vistas y luces en sentido figurado y literal, pues la fotografía y el vestuario dan cuenta de este tenue cambio donde las locaciones lo dan del grande.

Diego Dussuel, director de fotográfica, hace por la labor al generar un ambiente de tiempo detenido, donde la persistencia del pasado no sólo se ve reflejada en los accesorios y mobiliario (TV, teléfonos, radios, discos y música) de antaño, sino en un uso del color y la luz que hacen que los momentos en los que Víctor se halla confinado en su casa o su peluquería (otra reliquia que opera por oposición a las fachadas contiguas) se sientan congelados no sólo por las poses rígidas y estoicas sino también por la sensación de luz y tiempo agazapados.

No obstante, este encantamiento es roto no sólo por la entrada de personajes del pasado y del presente romantizados, sino por insertos de montaje que hacen por mostrar como Víctor hilvana los acontecimientos, lo cual da muestra de una vida interior acaso más rica y variada que la que manifiesta de dientes para afuera. Aunque esta decisión estilística ayuda a restarle solemnidad a una trama que podría derrumbarse por su “ausencia de grandes acontecimientos”, su utilización es por momentos difusa y falta de ritmo con lo cual (sobre todo en el tramo final del largometraje) entorpece el desarrollo de la historia, toda vez que su funcionamiento se deja en manos del espectador para su pleno entendimiento.

No obstante, el trabajo general de Ávila Dueñas es digno de mención al recrear otras formas de exploración de una sensibilidad masculina a la vez lejana y cercana, sin caer en condescendencias al mostrar como cohabitan restricciones sociales (la “sensiblería” manifestada tras tragos mediante la escucha de viejas baladas románticas) y momentos de intimidad sublimada mediante el oficio diario (el mimo y atención prestado al cabello de los intereses amorosos).

“El Peluquero Romántico” llegará a las salas de cine de México el viernes 21 de Junio de 2019.

Alberto Marín