Reseña de la película: El contador de cartas

Título original: The Card Counter

Año: 2021

Duración: 112 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Paul Schrader

Guion: Paul Schrader

Música: Robert Levon Been, Giancarlo Vulcano

Fotografía: Alexander Dynan

Reparto: Oscar Isaac, Tye Sheridan, Tiffany Haddish, Willem Dafoe, Bobby C. King, Alexander Babara, Marcus Wayne, Don Lay, Britton Webb, Hassel Kromer, Marlon Hayes, Justine Salas, Sherri Piper

Productora: Coproducción Estados Unidos-Reino Unido-China; Focus Features, HanWay Films, LB Entertainment, Astrakan Film AB, Bona Film Group, Convergent Media, Enriched Media Group, One Two Twenty Entertainment. Distribuidora: Focus Features

Género: Drama | Ejército. Juego. Póker

 

 

El contador de cartas, cinta escrita y dirigida por Paul Schrader, producida por Martín Scorsese y protagonizada por Oscar Isaac llegará, de la mano de Cine Caníbal, este 24 de febrero, siendo un título esperado por los fans del guionista de Taxi Driver y su particular estilo para contar historias, preparando al espectador con la cotidianidad antes que con el dinamismo acostumbrado por Hollywood.

La película nos presenta a William «Tell» Tillich, de quien en primera instancia conocemos su rutinario gusto−adquirido en prisión- por las apuestas, en especial con juegos como el black jack, que lo lleva de casino en casino alrededor del país para poner en práctica su talento para contar las cartas.

Paulatinamente descubrimos, a cuenta gotas, su pasado en la milicia y gracias a la aparición de Cirk, hijo de un compañero militar, vemos que su paso por el ejército no fue del todo honroso, razón por la cual el joven busca venganza y su ayuda para llevarla a cabo.

Si pensabas ver la cinta déjandote guiar por el póster y creyendo, erroneamente, que la trama girará en torno a las apuestas y alguna mafia involucrada, temo ser quien te truene la burbuja, ya que El contador de cartas utiliza el póker como más como pretexto que como contexto para mostrarnos la rutina generada por Tell, lo calculador y sereno que debe ser un depredador y cómo su viaje a la prisión lo ha marcado no sólo en sus gustos, sino hasta generarle cierto Trastorno Obesivo Compulsivo (TOC) combinado con el temor a ser rastreado.

Shrader utiliza el estilo trascendental –del que incluso ha escrito− para llevar al espectador por caminos no usuales, más que saturarlos de elementos visuales o acciones, los lleva a un cotidianidad rayando casi en lo aburrido, esperando así agarrarlos desprevenidos en las secuencias siguientes; sin embargo, en esta cinta no termina de funcionar.

La primera hora inicia lento, como marca el estilo, con planos largos donde se le ve a Tell jugar, apostar y ganar con uno que otro recuerdo o pensamiento con voz en off que parece darnos pistas sobre su pasado pero sin hacerlo abiertamente. Uno de los primero momentos dinámicos es justamente la aparición de Cirk, quien parece ser quien hará andar el engranaje para que la cinta tome su rumbo, pero sin lograrlo.

Los momento cotidianos entre ellos parecieran centrarse en mucha charla –aligerada en parte por la comedia− en un intento por compenetrar a los personajes; sin embargo, una vez que aparece el tercer personaje, todo parece estancarse en el desarrollo emocional y los planos largos se quedan en eso, un montón de escenas que no parecen aportar nada, ni siquiera proósito a la historia.

Es como si los momentos que se suponía deberían rematar y dotar de sentido a esta saturación de cotidianidad −representados en el largometraje a modo de juegos de póker−, no hubieran sido lo bastante fuertes como para mantener el ritmo y la atención del espectador, misma que no es recuperada sino hasta los últimos 30 minutos del metraje, donde parecen haberse acumulado todas las acciones no vistas en la primera mitad.

El contador de cartas es una historia que se queda en intento, ya que aunque se aplicó bien el estilo, con una trama con bastantes alicientes para crítica social y con actuaciones lo bastante fuertes como para tocar temas incómodos y hasta polémicos, al final, estos momentos lentos cayeron más en el aburrimiento que en alguna clase de secuencia introspectiva que prepare al espectador para la acción, misma que no parece llegar sino hasta el final y a trompicones.

Ivonne Koike

https://www.youtube.com/@koikedesu/featured

Licenciada en Comunicaión y periodismo, otaku y amante de la lectura. Creadora de contenido y un poquito rara y loca.