Reseña de la película: Code 8

Título en español: Code 8: Renegados
Título original: 
Code 8
Dirección: 
Jeff Chan
Guion: 
Chris Pare
Fotografía: 
Alex Disenhof
Distribuidora:
Filmmelier México
Productora: 
Colony Pictures
Elenco: 
Stephen Amell, Robbie Amell, Sung Kang, Greg Bryk, Alex Mallari Jr., Aaron Abrams, Simon Northwood, JaNae Armogan, Laysla De Oliveira, Ho Chow, Kyla Kane, Vladimir Alexis, Jeff Sinasac, Matthew Gouveia, Jai Jai Jones
Género: Ciencia ficción
País: 
Canadá
Duración:
98 min.
Fecha de estreno: 
13 de diciembre de 2019

Sinopsis:

CODE 8 se desarrolla en un mundo donde el 4% de la población nace con diferentes habilidades sobrehumanas, pero en lugar de ser considerados superhéroes, enfrentan discriminación y viven en la pobreza, por lo que comúnmente recurren al crimen para sobrevivir. Conner Reed (Robbie Amell), un joven con el poder de manipular la electricidad, lucha por pagar el costoso tratamiento médico de su madre (Kari Matchett), pero no logra ganar lo suficiente en su trabajo como jornalero. Entonces es reclutado en las filas del bajo mundo criminal por Garret (Stephen Amell), quien trabaja para el narcotraficante Marcus Sutcliffe (Greg Bryk). Garret entrena a Connor en el uso de sus superpoderes para realizar un serie de crímenes en nombre de Sutcliffe, mientras la unidad de policía dirigida por el Agente Park (Sung Kang) y el Agente Davis (Aaron Abrams) les siguen la pista.

Opinión De La Película:

En el año 2016, un cortometraje de ficción científica llamado Code 8 logró generar la aceptación y el interés suficiente para que se lanzara una campaña de mecenazgo en línea con la cual obtener el financiamiento para escalar la producción a nivel de largometraje.

La historia del filme, un mundo donde un escaso porcentaje de la población padece alteraciones no específicas que lo provee de habilidades similares a los de los súper héroes, lo cual lo margina y obliga a vivir en condiciones infrahumanas, más el atractivo de contar dentro del elenco con la presencia de los primos Stephen y Robbie Amell (estrellas de las series del canal televisivo CW), obró a su favor, arrojando un total de 2 millones de dólares para el paso a gran formato con el mismo nombre.

Paso que, una vez revisado deja una sensación ambigua con respecto al resultado final. Es muy probable que el presupuesto sea una de las razones, sino es que la principal, de ciertas concesiones al momento de desarrollar la trama. Esto no quiere decir que se eleven quejas hacia la falta de explicación de los orígenes de las habilidades especiales de unos cuantos, a fin de cuentas franquicias como X-Men  han logrado desarrollar un universo excitante y lucrativo con bases similares; es más, la información que se da al principio de la cinta, a manera de extractos documentales que datan de un periodo cercano a los años 50 del siglo pasado a la fecha actual, dan la pauta necesaria para establecer los límites de la ficción.

Sin embargo, el arco principal se siente un tanto desconectado de esos orígenes. Mientras en el cortometraje, que viéndolo en retrospectiva funciona como avance extendido y anzuelo para interesados en esos temas, el personaje de Robbie Amell, Conner, se halla metido de lleno en una situación de correr o morir donde muy probablemente sus poderes sean mostrados tanto para su uso personal como en compañía de otros como él, en el filme la situación cambia y la fuga se ve sustituida por una serie de alianzas y contactos con el hampa que, si bien permiten vislumbrar como, por ejemplo, las anormalidades pueden servir para obtener dinero en el ambiente del tráfico de drogas, impide establecer la crítica social que se perfila en los primeros minutos.

Esa crítica, que bien podría quedar en el territorio de los ya mencionados X-Men (en especial con los morlocks), o con lo realizado por Neill Blomkamp en Sector 9 (2009) o Chappie (2015), se reduce a un vistazo a las posibilidades de expansión de un mundo que no termina de cuajar en tanto que, por muy finita que sea la presencia de individuos poderosos, no se siente que haya grandes cambios tecnológicos o sociales, y termina por ser un común y corriente drama criminal con uno que otro momento de acción sobrehumana.

Eso sí, la cinta no cae en le tedio de cintas con orígenes y propósitos similares como Kin (Josh y Jonathan Baker, 2018) o Captive State (Rupert Wyatt, 2019), o en sinsentidos argumentales absurdos y hasta procaces como los de Bright (David Ayer, 2018), obra de mayores ambiciones tanto en la creación y establecimiento de un lore legendario como en el costo de su producción.

También, pese a no ser nada del otro mundo, los efectos visuales y la fotografía funcionan bien, permitiendo que los esfuerzos de coherencia y verosimilitud no se vaya al garete, logrando con ello un trabajo que, si bien queda en unas muy buenas intenciones faltas de dinero, puede servir de entretenimiento para los seguidores del trabajo de los hermanos Amell.

CODE 8 se estrenará el 13 de diciembre en México de forma exclusiva en plataformas de video on demand, entre ellas iTunes, Cinépolis Klic, Google Play, YouTube, IZZI y  Totalplay.

Alberto Marín