Reseña de la Película: Candyman

Título original: Candyman
Año: 2021
Duración: 91 min.
País: Estados Unidos
DirecciónNia DaCosta
Guion: Jordan Peele, Win Rosenfeld. Remake: Bernard Rose. Novela: Clive Barker
Música: Robert Aiki Aubrey Lowe
Fotografía: John Guleserian
RepartoYahya Abdul-Mateen II, Teyonah Parris, Nathan Stewart-Jarrett, Colman Domingo, Kyle Kaminsky, Vanessa Williams, Rebecca Spence, Carl Clemons-Hopkins, Brian King, Miriam Moss, Cassie Kramer, Mark Montgomery, Genesis Denise Hale
Productora: Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Monkeypaw Productions, Bron Studios, Creative Wealth Media Finance.
Distribuidora:
 Metro-Goldwyn-Mayer (MGM), Universal Pictures
Género: Terror | Sobrenatural. Remake

Un Clásico reinterpretado agridulcemente

En 1992, el director británico Bernard Rose tomaba el cuento corto del maestro del terror Clive Barker, Lo Prohibido, mismo que integraba una parte de Los Libros de Sangre, para presentarle al mundo el poder de un villano nacido de una leyenda urbana, ni más ni menos que la del misterioso asesino Candyman.

Acompañado de la estupenda música de Phillip Glass, esta primera versión cinematográfica presentaba a Helen Lyle (Virginia Madsen), que mientras realizaba su tesis se encontraba con esta leyenda urbana en medio de un barrio abandonado a su suerte, producto de la gentrificación, en el cual nadie se atreve a decir ni hablar nada de misteriosas desapariciones y asesinatos que parecen rodear a la figura de esta criatura de la que nadie quiere decir su nombre, sin sospechar que su búsqueda la llevaría a conocer a Candyman (Tony Todd) en persona.

‘¿Qué es lo que saben los buenos? A excepción de lo que los malos les enseñan con sus excesos? ‘, citaba un verso de la novela usado en esta adaptación cinematográfica que tenía como base el poder de las leyendas urbanas para cobrar vida a partir de la memoria histórica para impactar en el presente combinado con unos aires de venganza en contra del racismo y la discriminación descargada a destajo si tan sólo te atreves a mencionar su nombre cinco veces en frente de un espejo.

Casi tres décadas después, la historia de Barker y la representación de Rose reciben una secuela espiritual comandada por Jordan Peele, productor, guionista y director de cine que ha tenido éxito en el género de terror gracias a ¡Huye! Y Nosotros, que hace equipo con la realizadora Nia DaCosta, para darnos un giro hacia el presente con el regreso de Candyman.

Estamos de vuelta en Cabrini Green, barrio de Chicago en donde la primera cinta se desarrollaba, que se ha convertido en un territorio abandonado rodeado de lugares y edificios para ricos. Un lugar donde la gentrificación hizo lo suyo y ha desplazado a los afroamericanos pobres de ahí, dejándolos a su suerte. En medio de ello, el artista Anthony McCoy (Yahya Abdul-Mahteen II) busca la inspiración perdida para sus obras de arte.

Pero es en ese camino en el que, sin saberlo, Anthony despertará a los fantasmas del pasado, donde la leyenda urbana de Candyman resurge para desatar su furia y venganza pero de una diferente manera que unirá el destino de este pintor al de esta criatura, dándole además un enfoque racial que remite a los hechos actuales en los Estados Unidos.

La postura de Jordan Peele siempre ha sido clara. Tal vez, junto a Spike Lee, sea uno de los más recalcitrantes críticos del racismo, cada quien a su manera. Mientras que Lee lo hace con dramas profundos y comedias ácidas, Peele usa la mezcla entre humor negro y terror psicológico para plantear estos problemas. Sin embargo, en esta historia parece ir mas allá de los límites que se había puesto como guionista.

A pesar de ello, la labor de Nia DaCosta detrás de la cámara es muy destacada. La forma en que muestra las muertes violentas de aquellos que se atreven a invocar la vengativa presencia de Candyman motivados por desdén o desinterés en la leyenda que lo precede funciona. Incluso el trabajo realizado en equipo con el fotógrafo John Guleserian crean una atmósfera de la ciudad y los barrios bastante interesante que logra momentos tensos.

La música de Robert Aiki Aubrey Lowe también destaca aunque no llega a la altura del trabajo de Glass en la versión de 1992, misma que está de vuelta con el tema característico de Candyman. Pero nada de eso logra llevar a buen puerto la actualización al relato y a la leyenda de este asesino que forma parte de la memoria de culto de los amantes del terror.

Y es que el guion, con todo y esa correcta actualización de los temas raciales, mismos que vienen desde el cuento corto y la primera adaptación a cine, de repente cae en ciertos problemas de contradicción conforme a lo establecido anteriormente en el relato de Candyman, sobre todo en su segundo acto y hacia el final donde parece que este asesino es mas bien un vengador de los afroamericanos que un espectro maldito que murió con ira y viene a cobrar a quien se la deba o se atreva a decir su nombre.

Es ahí donde entra en problemas el relato, metiendo con calzador y de manera un tanto predecible pero mal justificada la situación del pasado de Anthony con lo sucedido en los hechos de 1992, atreviéndose a poner elementos que remiten más a Pennywise o hasta a Freddy Krueger, quitándole esa identidad al monstruo para transformarlo en una causa.

Con todo y eso, la cinta tiene buenos momentos, como el cameo de Tony Todd que regresa a su legendaria figura o la participación vocal de Virginia Madsen que nos recuerdan de buena forma a la original, así como el gore y algunos elementos de la narrativa que DaCosta hace con lo que demuestra que tiene un buen ojo detrás de la cámara.

Así, esta nueva versión de Candyman deja una sensación agridulce en los puristas del género, en aquellos que mas allá de una actualización de esta figura terrorífica veían un espíritu que clamaba venganza ahora aparentemente convertido en un antihéroe que abraza causas raciales interesantes pero que traiciona sus propias raíces del miedo. 

Aarón Navarro

Comunicólogo, melómano, cinéfilo, amante de la lectura. Escribo opiniones/reseñas de películas y series.