Reseña de la obra: El último teatro del mundo

La grandeza es una cualidad que poseen los grandes, esto puede ser en tamaño, intensidad, bondad, etc. Pero ¿qué tan difícil es llegar a ella? Se dice que el éxito consiste en un 99% de suerte y 1% de talento, pero ¿Habrá una receta mágica para lograrlo? Si quieres averiguarlo, no te puedes perder El último teatro del mundo, un musical de José Manuel López Velarde.

En un futuro posmoderno donde los estereotipos y moldes parecen ser aún más rígidos que los actuales, nos encontramos con Pina, una diminuta catarina quien, harta de vivir entre lechugas y conformarse con su existencia, decide buscar su lugar en el mundo. La decisión surge a partir de un sueño donde alguien la incita a buscar  El último teatro del mundo, lugar donde probará que tiene magia de verdad; aunque en el camino se encontrará con otros bichos raros, como ella.

Como podemos apreciar con esta sinopsis tan apresurada –para evitar spoilers que arruinen la magia −, la trama pareciera tener un target infantil; sin embargo, esto sería igual de arriesgado que juzgar un libro por su portada, ya que la historia es universal y busca reconectar con el niño que todos fuimos alguna vez, ese al que alguna vez le dijeron “no puedes” o por el contrario, lo presionaron hasta el cansancio para “ser alguien”, sin ver que ya lo era.

Lo primero que llama la atención al entrar a la pequeña Sala A de La Teatrería −lugar donde estará la puesta en escena desde el 15 de febrero hasta el 12 de abril, los sábados y domingos a las 12:30−es una vieja combi llena de trastos viejos, pero no hay que dejarse engañar, porque ese es el escenario y hasta la utilería, no por escases de presupuesto sino porque refuerza el mensaje: para hacer teatro sólo necesitas tu cuerpo y la imaginación.

Instrumentos musicales hechos con tinas viejas, botes de galletas y demás artículos fácilmente encontrados en cualquier camión de desperdicios son aquí elementos clave para el desarrollo y elaboración de la obra, ya que Aitor “El inventor”, personaje encarnado por Marco Paredes, gusta de tomar objetos de desecho y transformarlos en algo útil y único, sólo basta un poco de creatividad.

Lo más asombroso de los instrumentos es que en realidad funcionan, con ellos musicalizarán toda la obra, desde tonadas incidentales hasta canciones que aunque poseen en su letra mensajes dirigidos a los niños, la melodía no suena como tal, por lo cual se hacen amenas para el público en general.

Iker Madrid, a quien le debemos todos los arreglos musicales y la composición de las partituras, aparece también en escena como Vico, un chico quien pese a estar en silla de ruedas, es capaz de transmitir a través de sus manos y un piano todas las sensaciones que le invaden. Junto a él, aparece Paloma Hoyos, quien interpreta a Isa, su hermana, una muchacha incapaz de hablar pero con una extraordinaria capacidad corporal para transmitir sus emociones sin necesidad de usar su voz.

Y es precisamente gracias al talentoso elenco antes mencionado, al que se le suman Mauricio Hernández (Tino), Pablo Rodríguez (Fermin) y Paloma Cordero (Cora) que este guion explota todo lo que puede y debe dar.  Sin tener un espacio amplio, los seis actores logran coordinar a la perfección sus movimientos; pasándose entre ellos la utilería, manipulándola; cantando y bailando o simplemente viajando en la vieja combi, jamás se les ve estorbarse; con movimientos largos y grandes dan la sensación de que el escenario es más amplio de lo real.

Paloma Cordero interpreta a tres personajes, Cora “La traductora”, Pina “La catarina” y una luciérnaga conocida como “Maga”, cada una con voces completamente distintas, acorde a su personalidad. Y es esta versatilidad, ya que los personajes hablan entre sí, cantan en conjunto y todo en tiempo real, lo que dota a la obra de un ritmo adecuado (sobre todo para los niños, quienes se aburren fácilmente) que todos sus compañeros logran mantener.

El último teatro del mundo es un musical imperdible para todo público, ya que aparte del mensaje que da, la forma de darlo es un deleite para el público, con canciones, chistes, personajes extravagantes y la curiosidad sobre qué objeto sacarán de la combi o qué otro ser aparecerá sin previo aviso. Es una obra dinámica, divertida y conmovedora que estará por quinta y última vez en escena durante un mes. ¡No te pierdas esta oportunidad!

Ivonne Koike

Licenciada en Comunicaión y periodismo, otaku y amante de la lectura. Creadora de contenido y un poquito rara y loca.