Diferencias entre caricatura y anime

Una de las preguntas más frecuentes que debemos escuchar los amantes de la animación japonesa es ¿qué tiene de diferente un anime de una caricatura? Y es que ambos se pueden encontrar en figuras de colección y en Funko Pops ¿no es cierto? Basta con ir a https://estantemx.com/para-funko-pop/ y ver a los personajes de Disney compartiendo espacio en un exhibidor con los de Demon Slayer. A razón de esta confusión tan común, en este post intentaré explicar las diferencias más notorias.

Lo que quizás inició este revoltijo es la decisión de las televisoras de transmitir anime y caricaturas en la misma barra de programación infantil por el único motivo de tener personajes animados, sin ni siquiera constatar los rangos de edad sugeridos y creer que, como si todo fuera Disney, la totalidad de los títulos están pensados para niños y por lo tanto, se deben considerar así.

Aquí podríamos listar un sin número de casos donde las mismas caricaturas no están pensadas para un público infantil, pero no es el propósito de esta entrada; sin embargo, creo importante hacer hincapié en que no todos los títulos, tanto de caricaturas como anime, son hechos para niños. Aunado a este pensamiento y dado que los animes llegados a Latinoamérica son generalmente enfocados a adolescentes y adultos, se han ganado varios detractores al ser calificados como satánicos.

La principal diferencia, aunque esto ya no es tan tangible, es el estilo de los dibujos. Mientras las caricaturas remiten a su significado al retomar la exageración o distorsión de la apariencia física de una persona o hasta de una sociedad, la técnica del anime es conocida por hacer personajes con rasgos más estilizados, humanos y proporcionales; a excepción de sus ojos grandes que lejos de denotar algún trauma, son en realidad parte del legado “disneyresco” utilizado por Osamu Tezuca (Astro Boy), reconocido como padre del Manga.

Aunque como mencioné anteriormente esto ya no es una verdad absoluta, ya que debido al auge de la animación japonesa varios autores han tomado rasgos de este estilo para complementar el suyo, haciendo complicado diferenciarlos del anime netamente japonés a menos que se busque al autor en internet. Ejemplo de esto son las sagas de Avatar (Aang y Korra) o series de Marvel y Dc, las cuales, aparte de la estética, se han preocupado en crear una trama parecida a las encontradas en las series japonesas.

Este rasgo sería, al menos a mi parecer, uno de los aspectos que no sólo diferencian el anime de las caricaturas tradicionales (porque también hay excepciones), sino lo que las hace tan populares y entretenidas. Un anime es más parecido a una serie o hasta telenovela en el sentido de que la trama está estructurada como un todo, es decir, la historia cuenta con una introducción, un desarrollo y hasta un desenlace que no siempre se resuelven en el mismo capítulo, sino a lo largo de muchos para al final darle un cierre valiéndose de todo lo que ha ocurrido.

En las caricaturas, por lo general, es cada capítulo el poseedor de esta estructura y tiene un propósito más humorístico, sin necesidad de que retome información de algún otro episodio y sin tener un orden forzoso para verlos. Aunque como dije, también hay excepciones, por ejemplo, KND: Los Chicos del Barrio, donde a pesar de tener misiones que se desarrollan durante un solo segmento, se ve una evolución en los personajes y hechos que te permite llegar al final.

Aunque las líneas ya han comenzado a desdibujarse, podríamos decir que una caricatura tiene más un corte infantil y no posee los rasgos que hacen al anime ser reconocido, mientras que las series animadas japonesas, aparte de diferenciarse visualmente, no están orientadas en su totalidad a causar risa, sino que tratan temas más densos y poseen escenarios más realistas, debido a estar más abierto a mezclar lo digital con la animación manual.

Ivonne Koike

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Licenciada en Comunicaión y periodismo, otaku y amante de la lectura. Creadora de contenido y un poquito rara y loca.